Pregón Semana Santa 2005
Excmo. Rvdmo. Sr. D. José
Manuel Lorca Planes
Excmo. Rvdmo. Sr. D. Manuel Ureña Pastor,
Obispo de la Diócesis de Cartagena
Ilmo. Rvdmo. Sr. D. Silvestre del Amor García,
Delegado E. De HH y Cofradías
Excmas. e Ilmas. Autoridades.
Sr. Presidente del Cabildo Superior de HH. y Cofradías.
Sres. Presidentes de las Hermandades y Cofradías Murcianas
Amigos todos,
Agradezco sinceramente esta oportunidad de pregonar la Semana Santa de Murcia,
una bella ocasión de encontrarme con las raíces de la religiosidad popular de mi
ciudad, que canta en primavera al amor de Dios y da gracias por la Redención de
Nuestro Señor, mostrando por sus perfumadas calles, el dolor de María Santísima,
el dulce rostro del perdón de Jesús, su preciosísima sangre derramada, los
azotes en las espaldas y una burda corona de espinas rodeando su cabeza, que
servía de burla a los que le crucificaron.
Voy a sincerarme con vosotros, privilegio que me otorga el honor de ser
pregonero de la Semana Santa de la capital de la Región. Yo nací en la Senda de
Graná, me crié envuelto en el cariño de mi familia; el azahar de limoneros y
naranjos era mi perfume. Aprendí allí a valorar lo que cuesta madurar, tarea
lenta, y a poner mucho cuidado en todo el proceso. La huerta me enseñó muchos de
los secretos de la vida, sólo había que abrir los ojos para ver que se valoraban
muchas cosas importantes, entre ellas, lo auténtico y sencillo. Todavía veo a mi
abuelo Jesús, un huertano, enamorado de su trabajo, cómo mimaba los tomates y
cómo los resguardaba del frío, al refugio de unas artesanas "cobijas" hechas con
"alcanzabas", después de haber sido sembrados, con tierra buena y un poco de
chinarro, al amparo de una "almajara". Lo que se me quedó grabado fueron sus
expertas manos que, incluso para lo más insignificante, trataban con cariño,
experiencia, entrega y tiempo, mucho tiempo.
No era grande mi mundo, pero era el que tenía y a mí me parecía el mejor de
todos. Muchas veces, sentado al portal de la casa, me entretenía mirando el
horizonte, que invariablemente era el mismo, sólo cambiaba en las distintas
estaciones, pero la cresta del Gallo siempre estaba allí, majestuosa, alta,
esbelta, cargada de leyendas... mis ojos de niño se detenían siempre en ella con
la misma pregunta ¿qué habrá detrás? ¿se acabará ahí el mundo?... Hasta que un
día, bajo el manto azul de las estrellas, salimos de excursión hasta lo más
alto, y no me defraudó. Sobre la cima, de pie, como un conquistador, comprendí
que detrás de la sierra de la Fuensanta existía la belleza de un inolvidable
amanecer y el espejo brillante del mar. ¡Era mi sierra, donde se amontonaban mis
sueñosy por donde venía la luz que alumbrara la casa y el calor del que nos
protegíamos bajo la sombra de las ocho higueras, cada una con su nombre, que me
acompañaron de niño.
Tampoco tengo que hacer esfuerzos para seguir oliendo el pimentón recién molido
y los atardeceres, más bien he de contener tantos recuerdos, tanta vida y tantas
ilusiones vividas en pantalón corto. Yo pertenezco al corazón de Murcia y desde
pequeño me enseñaron a enamorarme de este "cachito de cielo" que el Señor nos
regaló, oyendo recitar poemas y bandos en panocho, las mil historias que
contaban los vecinos en el desperfollo, mientras se esperaba que saliera la
panocha "colorá", ¡menuda fiesta!
No he dicho que la casa de mis abuelos lindaba con la de José planes Peñalver,
escultor. Ya vivía en Madrid, pero le recuerdo con cariño, no se si será porque
cuando venía de la capital me traía algún juguete, el caso es que me seducía el
ir a lo que fue su estudio, no habían barreras, ni puertas que impidieran el
paso, éramos familia. Allí se encontraban, con frecuencia, algunos trozos de sus
bocetos, piezas inacabadas y, sobre todo, a su madre Josefa, que me quería mucho
y me enseñaba los "santos" que había hecho su hijo Pepe. En aquella entrañable
escuela aprendí la lengua de las imágenes
y que estas, sin decir una palabra, hablaban al corazón. ¡Cómo podía ser posible
que se pudiera ver la cara de Nuestro Señor, clavado en la cruz, roja sangre y
acardenalado cuerpo, expresión suprema de la Redención!, ¡cómo podía ser posible
que alguien tuviera la habilidad y la sabiduría de hacer esas obras! Y mis
pensamientos volaban, volcaba mil sentimientos, admiraba esos dones... y me
decía, cuando sea mayor haré cosas así. La verdad que ahora, pensando en todo
aquello, se ha cumplido con creces aquel deseo de niño, porque no hago
esculturas de Jesús, pero ha permitido Dios que yo le represente, que sea El en
las celebraciones, que reparta su perdón, distribuya su Cuerpo y su Sangre, que
le de vida a su misericordia, y anuncie su palabra...
¿Se imaginan ustedes con qué ilusión se vivía cuando en casa te decían: la
semana que viene iremos a las procesiones? Con mis padres, mis tíos y abuelos,
todos los domingos íbamos a Misa primera, pero la procesión era otra cosa, era
ver la imagen del Señor clavado en la cruz, lo que me impresionaba el rostro de
la Dolorosa, la procesión del silencio, que es la que me decían que salía el Sr.
Obispo; las tradiciones del verrugo, el paso de la Cena y el de la Caída, en
este salía mi tío, el inmenso manto blanco que invadía Murcia con la del
Resucitado, hermosa, espectacular y se podía contemplar el Resucitado de planes.
A las ilusiones se unían la primavera, los primeros alhelíes y jazmines, la vida
brotando en cada árbol, los días más largos y el trinar de colorines, caverneras
y ruiseñores... una sorprendente fiesta para los sentidos.
Miren, desde Espinardo se podía venir a Murcia con frecuencia, pero relativa: se
iba al médico; a ver a la Fuensantica en la catedral, en Cuaresma o para la
romería de septiembre; a la feria; a comprar o vender... y, naturalmente, a las
procesiones, eso sí, se venía andando o a pie, que era lo normal, luego en la
galera y, más tarde, en el "coche de línea". Con aquellos medios de locomoción
no teníamos más remedio que acudir a lo más cerca posible de la salida. ¡Cuánto
he disfrutado de las procesiones!, lo
que me impresionaban los nazarenos... El medio ambiente era favorable para una
catequesis familiar, favorecía todo el entorno para aprender el espíritu de
Nuestro Señor, narrado por tus seres queridos. Era estupendo cómo te contaban la
historia de Jesús, las lágrimas de su Madre, Pilatos que se lava las manos, si
será cobarde... de repente, tus padres y los padres de todos los niños, se
convertían en catequistas al aire libre. Los mayores reclinaban la cabeza para
hablarles "abonico", de cosas importantes, a sus hijos o nietos delante de las
imágenes de la Pasión cosa que aún en estos años he podido comprobar que todavía
se hace. Los más pequeños escuchaban a "coscoletas", sobre los hombros de sus
seres queridos las improvisadas explicaciones, tal como lo describe Vicente
Medina, señalando la imagen del próximo paso, para captar la atención del
infante:
"Hijo, obedéceme y vés
por las habas;
no quisiera que, como otros,
estas cosas, que son santas,
nene, a juego
las tomaras.
Si, hijo mío:
Dios, por nosotros, acaba
de morir, en la agonía
más amarga...
Bajo el peso de la crús
se doblaba...
los verdugos, de un cordel
puesto al cuello, le tiraban....
otros, con otros cordeles,
cordelazos le pegaban.. .
se caía y con fatigas
de muerte se levantaba
igual que a un pobre animal
lo arreaban ...
Hubo quien de él se reía,
quien lo insultaba,
quien, con los puños cerráos,
le amenazaba...
¡y hubo quien llegó a escupirle
sobre su divina cara!...
Ya atontäo, a los porrazos
que se daba,
más la corona de espinas
en la frente clavaba
y su rostro demacräo
sangre y sudor chorreaba...
Iba su madre detrás,
que se esjarraba
llorando a lágrima viva,
dedolor en sus entrañas,
y el corazón traspasao
por siete espadas...
-Pero, nene, ¿porqué lloras?
¿qué te pasa?
-¡Leñe! Que me ha hecho usté, madre
llorar de lástima.
-Mejor, hijo: no te importe,
si tu corazón se ablanda,
que no hay mas cierta señal
de estar en gracia" 1
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1 (Vicente Medina, Aires Murcianos, Murcia 1991)
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"Pasó una tarde, pasó una mañana... 17 de marzo del 2005" y fui llamado para
venir, desde las viejas y frías tierras de Teruel y de Albarracín, a proclamar
al mundo que el amor de Dios no tiene fin, que sólo hay que abrir los ojos para
poderlo sentir. Me he vestido de pregonero para publicar en voz alta lo que
conviene que todos sepan, como nos dice el poema de Mio Cid 2, por el año 1140,
un poco antes de la fundación de la Diócesis de Albarracín y de la ciudad de
Teruel, que fue en 1171. Pregonar, sigue diciendo el poema, es hacer notorio
algo para que "venga a ser noticia de todos".
Lo primero que tendría que destacar es el factor humano, el del nazareno. ¿Qué
os puedo decir de la vida y trabajos de un cofrade? Vosotros, los nazarenos y
nazarenas, sabéis todos los secretos, todo el misterio encerrado en el milagro
de cada año de sacar la procesión a la calle, que aunque no lo he seguido de
cerca en todas, pero conozco los trabajos del Amparo y de la Misericordia, y los
sufrimientos del Viernes Santo, por la mañana, cuando el tiempo - a pesar de la
sequía- se empeña en llover... Todos sabéis de las épocas donde se juntan el día
y la noche, preparando cada detalle del día grande, muchas horas, muchas
preocupaciones e infinitas ilusiones. De las ilusiones ya han hablado los que me
han sucedido en este honor, egregios y sabios pregoneros, que han cantado las
glorias de la Semana Santa Murciana con verdadera maestría.
Como no he podido rechazar esta maravillosa oportunidad que se me ha ofrecido,
acepté el oficio de heraldo, del cual he aprendido mucho en la Sagrada Escritura
y del que se dice: "¡Qué hermosos son, sobre los montes, los pies del mensajero
que nos anuncia la paz, que nos trae la Buena Nueva... y nos anuncia la
salvación" (Is 52,7 ). Quiero ser un mensajero, al estilo de San Pablo, que se
llamó a sí mismo pregonero, heraldo de un mensaje que tenía que ver con el
seguimiento difícil e ignorado de Alguien, que había batido
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2 Anónimo, Poema de Mio Cid, versos 287 y 1197.
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la más espinosa senda del dolor que ser humano conociera. No quiso pregonar,
sino a Cristo y este crucificado (1Cor 1,23), necedad y locura, para griegos y
judíos, pero fuerza y poder de Dios. Sí, creo que tiene sentido decir a todos
los que estáis aquí y los que participaran este año, de nuevo, que llevar la
cruz de cada día es tan importante como soportar el peso del paso a lento paso.
Pretendo deciros que el encuentro con Cristo es transformador y decisivo para
todos, hombres y mujeres. La causa de Jesús no se agota en la causa de los
pobres o en la lucha por la justicia, ciertamente noble y laudable, va más allá,
hasta sumergirnos en el misterio de nuestra identificación con Él, que nos hace
hombres nuevos. Esto mismo es lo que le dice abiertamente el Señor a la
samaritana: "si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber..."
(Jn 4, 10) cambiaría radicalmente tu vida.
En el libro de Henri J.M. Nouwen 3 cuenta todo un proceso de amistad, pero donde
se describe, con crudeza la explicación de la nada donde viven muchos hombres de
hoy. Es curiosa la pregunta que le lanzan: "Dices cosas interesantes, continuó
hablándome Fred, pero se las dices a las personas que menos necesitan oírlas
¿qué pasa con nosotros, jóvenes, ambiciosos, hombres y mujeres del mundo de hoy,
que nos preguntamos qué es la vida al fin de cuentas? ¿Puedes hablarnos con la
misma convicción con la que hablas a los que comparten tu tradición, tu lenguaje
y tu visión de las cosas?... Háblanos de nuestros anhelos más profundos, de
nuestros deseos, de nuestra esperanza; no nos hables de medios de supervivencia,
sino sobre la verdad; tampoco de nuevos métodos de satisfacer nuestras
necesidades emocionales, sino sobre el amor. Danos una visión más amplia que la
de nuestras perspectivas continuamente cambiantes. Queremos oír una voz más
profunda que el griterío de nuestros 'mass media'. Sí, hablanos de algo o de
alguien más grande que nosotros. Háblanos de... Dios". Por esta razón estoy yo
aquí hoy, para hablar de Dios, para hablar de Jesucristo y este crucificado,
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3 Henri J.M. Nouwen, "Tu eres mi amado, la vida espiritual de un mundo secular"
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porque hay mucha necesidad de oír su palabra, y porque mucha gente sigue
lanzando al cielo gritos de suplica, de auxilio, lamentos que se escapan del
corazón del hombre que sufre, porque nadie escucha y, si lo hacen es para
decirle, como los testigos del ciego del camino del evangelio: ¡cállate, no
molestes! O, simplemente, arréglatelas como puedas que Dios ya no existe, por
decreto de un laicismo totalitario reinante. No os equivoquéis, la fe no es una
ideología que aplasta al hombre hasta esclavizarlo y someterlo, no, es un estilo
de vida, cuya primera condición es que ha de ser elegida desde la libertad, pero
que te exige coherencia, porque se mueve en la verdad de un sincero amor a Dios.
Os ruego que me ayudéis en esta tarea, que también es vuestra, de todos
vosotros, los del rostro iluminado por el farol de la cofradía que vais avisando
acerca de la presencia de Dios; los que vestís con capuz o lleváis las medias de
filigrana blancas y repizco bajo el trono del Cristo del Amparo, o con el Cristo
de la Fe y bajo el peso del Cristo de la Caridad; los que el domingo de Ramos
sacáis al de la Esperanza y los que, vestidos de magenta, mostráis al Cristo del
Perdón. A los que en la noche del Martes Santo nos acercáis al Cristo de la
Salud, a Jesús de las Mercedes y a Nuestro Padre Jesús del Rescate, desde la
Iglesia de San Juan. También a vosotros, los "coloraos", que nos ofrecéis la
bella imagen del Cristo de la Sangre; a los que en silencio resaltáis la estampa
del Cristo del Refugio, desde San Lorenzo. Imposible olvidar a Nuestro Padre
Jesús Nazareno, ni del que nos preside esta noche y sale de la sede de San
Miguel, donde he servido como sacerdote, el Cristo de la Misericordia...
Ayudadme también los que desde Santa Eulalia ilumináis las calles de Murcia la
mañana del Domingo de Pascua. A todos vosotros que desde el Viernes de Dolores
hasta el Domingo de Resurrección nos hacéis vivir los sentimientos de la
verdadera Semana Santa, aquella en la que el Hijo de Dios cerró sus ojos en el
árbol de la Cruz regalándonos la Redención, aceptó el más vil de los tormentos
que imponía, a los delincuentes, el Derecho Romano, la muerte en cruz
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con sus sufrimientos terribles, y nos abrió todos los caminos para la esperanza.
A vosotros, hombres y mujeres de las Cofradías murcianas, ¡ayudadme a ayudar a
los que no han oído del amor de Dios, de su capacidad de perdón y de la oferta
de la Vida Eterna! ¡Ayudadme a desenmascarar a los que crean tópicos para
ocultar el camino del verdadero rostro de Jesucristo! ¡Vosotros seréis los
continuadores de este Pregón, pregoneros, que le vais a dar validez, alargando
los dedos de la mano de amistad tendida a todos! ¡Sentíos orgullosos de
pertenecer a la Semana Santa y dignificadla desde la verdad y totalidad de
contenido! ¡Dejaos iluminar por la mirada penetrante de Jesús del Gran Poder o
de Nuestro Padre Jesús Nazareno! Lleváis en vuestras manos un misterio muy
grande, pensad que despertaréis los sentimientos religiosos, dormidos, de muchos
padres y la necesidad de explicarles a sus hijos quién es al que están azotando,
con burlescas miradas y, sin embargo, no se queja, sino que eleva serenamente
sus ojos al cielo suplicando la misericordia. Sed valientes para explicar porque
actuó así Nuestro Señor. Que a vosotros también os gritan en la vida diaria y en
la procesión con la misma súplica: Sí, habladnos de algo o de alguien más grande
que nosotros. Habladnos de... Dios". No os conforméis con dar un caramelo, que
solo endulza un instante, decid una palabra, interesaos por el que grita en
vuestro trabajo, en la oficina, en casa... y ayudadle a encontrar la verdad que
busca... y endulzareis toda su vida. Vosotros me ayudasteis a querer mucho al
Señor, sin saberlo, cuando me lo mostrasteis de pequeño; me mostrasteis el
rostro humano de Jesús, el Salvador, y ahora tengo la oportunidad de deciros:
¡gracias! ¡gracias porque os creísteis vuestra tarea, porque en vosotros se ha
venido realizando el milagro de la presencia de Dios en nuestras vidas, pero no
devaluéis vuestro servicio.
Creed que es posible este milagro, que son muchos los que han seguido al Señor
con menos señales de las que dais vosotros
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en la Semana Santa murciana. Recordad como "El rostro que los Apóstoles
contemplaron después de la resurrección era el mismo de aquel Jesús con quien
habían vivido unos tres años, y que ahora los convencía de la verdad asombrosa
de su nueva vida mostrándoles « las manos y el costado ». Ciertamente no fue
fácil creer. Los discípulos de Emaús creyeron sólo después de un laborioso
itinerario del espíritu (cf. Lc 24,13-35). El apóstol Tomás creyó únicamente
después de haber comprobado el prodigio (cf. Jn 20,24-29). En realidad, aunque
se viese y se tocase su cuerpo, sólo la fe podía franquear el misterio de aquel
rostro" 4. Solo la fe puede abrir muchas puertas, sólo la fe llevó a Pedro a
confesar a Jesús: « Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo » (Mt 16,16).
Abrid vuestros ojos para creer, que Dios no está escondido... ¿acaso no percibís
el Misterio de la Redención estando tan cerca de las imágenes de Pasión? ¡Abrid
los ojos y dejad que Dios fortalezca vuestra fe! Contemplad las manos abiertas
de la Virgen de los Dolores, que como signo de vida, acoge a todos con un amor
que se hace fecundo. En esta escena, la Virgen María, representa no sólo a la
Madre, sino a la Maestra, acoge a los discípulos, primero al pie de la Cruz,
luego en el Cenáculo. Pensad que vinieron rotos, porque no habían sido capaces
de responder a lo que esperaba Dios de ellos, pero María les muestra la
Misericordia de Dios y los fortalece en su misión de apóstoles.
Predicamos los cristianos a Cristo, como camino de salvación, el único camino de
Salvación, pero predicamos a Cristo, y a este crucificado (1Cor 2,2). Vosotros
también lo predicáis sin palabras, porque nos lo mostráis azotado, traicionado,
coronado de espinas y clavado en una tosca cruz. En la Cruz, Cristo muestra su
fecundidad, porque a precio de su sangre nos ha rescatado para la Vida: «El
grito de Jesús en la cruz, queridos hermanos y hermanas, no delata la angustia
de un desesperado, sino la oración del Hijo que ofrece su
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4 Juan Pablo II, Carta Apostólica, Novo Millennio Ineunte, 19
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vida al Padre en el amor para la salvación de todos. Mientras se identifica con
nuestro pecado, « abandonado »por el Padre, él se «abandona » en las manos del
Padre. Fea sus ojos en el Padre" 5. Ha arriesgado mucho, porque nos ha amado
mucho, su amor ha reconstruido la imagen rota de nuestra vida. El es la fuente,
de donde mana la promesa de la plenitud, de la eternidad, es el verdadero
ejemplo de amor.
Acepto que alguien me diga que es una tarea arriesgada el definirse como
cristiano hoy, porque lo es, pero ¿cuando no lo ha sido? Era algo anunciado por
el mismo Señor, "si a mí me han perseguido también os perseguirán a vosotros..."
(in, 15, 20). Miren, la mayor expansión del cristianismo en el siglo 1 fueron
las persecuciones, gracias a estas, por muy dolorosas que fueron, se propagó
rápidamente por todo el mundo. Os ofrezco un testimonio del siglo II, un texto
de un documento anónimo, La Carta a Diogneto, donde podemos ver cómo era la vida
de los cristianos de la calle:
"Los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por su tierra ni por su
habla ni por sus costumbres. Porque ni habitan ciudades exclusivas suyas, ni
hablan una lengua extraña, ni llevan un género de vida aparte de los demás.
La verdad, esta doctrina no ha sido inventada gracias al talento y especulación
de hombres curiosos, ni profesan como otros hacen, una enseñanza humana; sino
que habitando ciudades griegas o bárbaras y adaptándose en vestido, comida y
demás género de vida a los usos y costumbres de cada país, dan muestras de un
tenor de peculiar conducta, admirable y, por confesión de todos, sorprendente.
Habitan sus propias patrias, pero como forasteros; toman parte en todo como
ciudadanos y todo lo soportan como extranjeros; toda tierra extraña es para
ellos patria, y toda patria, tierra extraña. Se casan como todos, tienen hijos,
pero no abandonan a los recién nacidos. Comparten la
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5 Juan Pablo II, o.c., 25
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misma mesa todos, pero no el mismo lecho... Estdn en la carne, pero no viven
según la carne.
Pasan el tiempo en la tierra, pero tienen su ciudadanía en el Cielo. Obedecen a
las leyes establecidas; pero con su vida sobrepasan las leyes. A todos aman y
por todos son perseguidos. Se les desconoce y se les condena. Se les mata y en
ello se les da vida. Son pobres, pero enriquecen a muchos. Carecen de todo y
tienen sobreabundancia de todas las cosas. Se les insulta y bendicen. Se les
ultraja y honran. Hacen bien y se los castiga como malhechores; condenados a
muerte Y se alegran como si nacieran a la vida. Por los judíos se les combate
como a extranjeros; por los griegos son perseguidos y, sin embargo, los mismos
que los aborrecen no saben decir el motivo de su odio. "6
De todos es conocido, que por la década de los sesenta hubo teólogos radicales
protestantes que planteaban que el principal problema de su disciplina, la
teología, era precisamente la irrelevancia social y cultural de su objeto: el
olvido de Dios, la ausencia de Dios o, dicho más rudamente todavía, la muerte de
Dios. Teólogos radicales como William Hamilton, Paul M. Van Buren o Thomas J. J.
Altizer, en América y, en Alemania, p. ej., D. Sólle... se atrevieron a
incorporar este tema a sus escritos, o sea, el de la vaciedad de la idea de Dios
en la sociedad contemporánea o el de la imposibilidad cultural de creer en una
instancia personal suprahumana o, simplemente, decretaron la muerte de Dios 7.
Con el
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6 (De la Carta a Diogneto, Cap. 5-6; Funk 1, 317-321).
7 En 1957, Gabriel Vahanian publicó un libro titulado "La muerte de Dios"(The
Death
of God (NY 1961)); Vahanian validaba el ateismo social, no tanto como teoría,
sino como una manera de la vida, pero él mismo no creyó que Dios estaba muerto.
El que sí defendía el ateísmo práctico fue Thomas J J Altizer , para este, Dios
había muerto realmente, decir que Dios ha muerto es decir que él ha dejado de
existir como ser trascendente. Cfr. Th. Altizer - W. Hamilton,Teología radical y
muerte de Dios (Grijalbo, Ba 1967) ; J.A.T. Robinson: Sincero para con Dios; P.
M. van Buren, The Secular Meaning of the Gospel (Lo 1963); Harvey Cox, La ciudad
secular (Península Ba 1968).
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secularismo no era compatible la idea de Dios y trataron de quitarle la carta de
ciudadanía. Hace poco tiempo apareció en un diario de tirada nacional un
artículo cuyo título era: "Dios empieza a ser una lata". En él se podía leer lo
siguiente: "Las religiones son intervencionistas por naturaleza, algunas
especialmente, y no nos equivoquemos: van a intentar coartar el Estado de
derecho en función de sus creencias. Pero ¿cómo vamos a garantizar los
principios de libertad individual por encima de las fes colectivas si no somos
radicalmente laicos? Con Dios no se puede jugar, es como el fuego en manos de
niños: no alumbra, quema. Permitir que asome la oreja en lo público y, sobre
todo, permitir que intervenga en lo público es poner en peligro el primer
fundamento de la democracia" 8. Es evidente que los promotores del laicismo
militante no tienen espacio para Dios y serán muy mal vistos aquellos que
pretendan vivir con el modelo cristiano de vida... Así que nos tocan tiempos en
los que hay que definirse claramente, ser coherentes con nuestros principios y
asumamos actitudes misioneras, propias de los tiempos de prueba y de
persecución, que lo que está en juego es el intento de organizar la vida humana
sin contar con Dios, como si fuéramos nosotros los dueños absolutos y últimos de
nuestra vida y de la creación entera.
Algo habrá que hacer... Naturalmente que responder con un volcán de buenas
obras, de un estilo de vida repleto de amor y misericordia, viviendo de "una
manera digna de la vocación con que hemos sido llamados, con toda humildad,
mansedumbre y paciencia, soportándoos unos a otros por amor, poniendo empeño en
conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz" (Ef 4,1-3), y no
deteniéndonos en quejas ni lamentos. ¡Levantaos,vamos! Les dijo Jesús a los
discípulos en Getsemaní, en la Oración del Huerto. Si Jesús se hubiera quedado
en lamentos por lo que le venía encima, no habría habido Redención para nadie...
¡Otra persecución que favoreció la Salvación de todos!.
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8 Pilar Róala, Dios empieza a ser una lata, Diario "El País", Ed. Cataluña del
3-XI-2001.
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El Arzobispo de Pamplona, en una conferencia a los agentes de Apostolado Seglar
de España les decía: "Los cristianos que quieran ser apóstoles tendrán que saber
vivir en el mundo sin ser del mundo, vivir con todos sin actuar como todos, y
tendrán que saber renunciar a muchos objetivos y aspiraciones que solamente
están al alcance de quienes se someten a la dictadura de lo `políticamente o
culturalmente correcto". En la actual sociedad española el cristiano coherente y
fervoroso tiene que estar dispuesto a padecer una cierta marginación social,
cultural y hasta profesional, y en consecuencia tiene que estar dispuesto a
renunciar a muchos bienes sociales y económicos, que no están al alcance de
quienes se presentan y actúan socialmente como cristianos coherentes. Es el
martirio moderno que prueba la autenticidad y consuma la perfección de la fe de
los cristianos que viven y actúan en el mundo" 9.
Durante toda la noche te he estado mirando, Santísimo Cristo de la Misericordia,
porque he tenido el honor de tenerte delante de mis ojos muchas veces, en el
tiempo de San Miguel. Delante de tu divina imagen me he postrado, ofreciéndote
mi persona, ministerio y toda mi vida, ya lo sabes y he acudido a Ti cargado de
súplicas, ruegos, acciones de gracias de mis feligreses y de los que me pedían
oraciones. Desde que he llegado a la Catedral te he mirado casi de reojo, con
devoción, diciéndote muy bajito: "¡Hola, Señor, qué majo te encuentro, como
dicen en Aragón, sigo estando junto a Ti, aunque no te acompañaré este año, la
noche de Viernes Santo, por las calles de Murcia! Ya sabes que no te he
olvidado, ni tampoco me ha sustituido D. Silvestre, por no haberlo hecho bien
con tu Cofradía. Desde Teruel sigo mirándome en tu rostro, porque te necesito
para cumplir bien el ministerio que la Iglesia, en la persona del Papa Juan
Pablo II, me ha confiado.
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9 Mons. Fernando Sebastián, Los fieles laicos, Iglesia presente y actuante en el
mundo, Congreso de Apostolado Seglar, Madrid, Noviembre 2004.
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Ayúdame, Señor, para no necesitar nada más que tu perdón y misericordia. En este
bello poema de Gabriela Mistral (10) van mis sentimientos:
En esta tarde, Cristo de "la Misericordia",
vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen
de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.
¿Cómo quejarme de mis pies cansados,
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?
¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?
Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mí todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.
Y sólo pido no pedirte nada,
estar aquí, junto a tu imagen muerta,
ir aprendiendo que el dolor es sólo
la llave santa de tu santa puerta.
Amén.
En estos días, con toda la Iglesia permanecemos en la contemplación de tu rostro
ensangrentado, en el cual se esconde la vida de Dios y se ofrece la salvación
del mundo. Nuestra esperanza no se acaba en tu imagen de crucificado: ¡Eres el
que ha vencido la muerte y nos has abierto la puerta de la Vida, eres el
Resucitado! Si no fuese así, vana sería nuestra predicación y vana nuestra fe
(cf.1 Co 15,14).
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10 Gabriela Mistral, Oración al Cristo del Calvario.
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La Resurrección fue la respuesta del Padre a la obediencia de Cristo, como
recuerda la Carta a los Hebreos: « El cual, habiendo ofrecido en los días de su
vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía
salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente, y aun siendo
Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia; y llegado a la perfección,
se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen » (Heb
5,7-9).
Pasado el Triduo miramos a Cristo Resucitado. Lo hacemos siguiendo los pasos de
Pedro, que lloró por haberle renegado y retomó su camino confesando, con
comprensible temor, su amor a Cristo: « Tú sabes que te quiero » (Jn 21,15.17).
Lo hacemos unidos a Pablo, que lo encontró en el camino de Damasco y quedó
impactado por él: « Para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia » 11 (Flp
1 21) 11.
Os deseo de todo corazón a todos una buena Semana Santa, que viváis intensamente
el Misterio que mostráis con tanto esplendor y belleza, por tanto que
participéis del los Oficios de vuestras Parroquias, que sepáis perdonaros unos a
otros las ofensas y pidáis perdón a Dios, que para este oficio de ser nazareno
se necesita un alma blanca, un corazón de hermano, la nobleza de un amigo, la
belleza de la verdad, la limpieza de un niño, la seguridad de la mano que
estrechas, sincera caridad y la paz de una sonrisa, que os ofrezco agradecido.
+José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y Albarracín
11 Juan Pablo II, o.c., 28.