JOSÉ RAFAEL SÁNCHEZ GARCÍA,
PREGONERO DEL FORO “MURCIA NAZARENA” 2009
“Señor, ábreme los labios para que pronuncie Tu alabanza a los cuatro vientos, y
que en los corazones de la gente de mi pueblo, resuene este Pregón que anuncia
buenas noticias “Que Dios nos sigue amando” y a Ti, Virgen Santísima de la
Fuensanta, que eres “Luz de Amor” mírame como soy y conviérteme en como Tú
quieres que sea.”
Ya se tambalean en lo más profundo de mi corazón, los pilares fundamentales e
irrepetibles, de mis sentimientos más arraigados por nuestra Semana Santa, por
sus Hermandades y Cofradías. Previsible era, que esta anunciadora y portadora
tarde, pusiera a prueba la resistencia sentimental "semanasantera", envuelta en
delicado y cuidado papel cofrade, amarrado y bien sujeto por las cuerdas de las
raíces cristianas de este que hoy, más que nunca, se siente orgulloso de ser
forista y cofrade murciano.
Aquí estoy Gran Señora, Madre de todos los murcianos, Virgen Santísima de la
Fuensanta, Patrona de esta ciudad por la Gracia infinita de Dios, esa que nos
llevas dando durante años, años de amor y caridad, que desemboca, porque así Tu
lo has querido, en el valiosísimo premio de poder vivir toda una vida junto a
ti.

A ti madre, a quien solicito la venia para poder ofrecerles a todos tus hijos en
Cristo nuestro Señor, la antesala poética y cofradiera de quien siente la
Pasión, Muerte y Resurrección murciana como algo incrustado de por vida en las
entretelas de su alma porque para eso y con eso nací.
Contigo Madre suspiro de tranquilidad. Llévame en este viaje por donde tu
quieras, encandílame con tu cariño maternal, háblame a un oído y así podré
escuchar por el otro lo que tu, solo tú, sacas de lo más hondo de mi corazón.
Porque en ti y es la primera vez que desempolvo mis sentimientos en publico,
encuentro a diario, todo lo sabes, la tranquilidad interior y el alivio más
deseado que todo hombre puede buscar.
Arrópame en tu regazo, mientras me llevas por esta experiencia precoz en el
calendario, al encuentro de tu hijo mediante el amor, la pasión y el sentimiento
desbordante de quien se siente pórtico afortunado de una nueva Semana Santa.
Señora, es el II Sábado de Cuaresma, ya falta poco, y ese sueño del que tu
formas parte esencial y del cual eres esencia, llegará a nosotros envolviéndonos
a todos en ese huracán de sensaciones emanadas todas del más profundo y sincero
sentimiento cristiano por nuestros sagrados titulares y nuestra Semana Santa.
-Señor Moderador del Foro Murcia Nazarena, Don Vicente Moreno.
-Presidente de la Real y Muy Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y
Junta Particular.
-Presidentes de las distintas Cofradías y Hermandades de Pasión y Gloria de esta
Siete Veces Coronada Ciudad de Murcia.
-Hermanos Cantores de la Hermandad de las Benditas Animas de Patiño
-Queridos Foristas, Queridas Foristas, Nazarenos todos
-Queridos Amigos, Apreciada Familia.
Permítanme que estas primeras palabras de mi pregón sean agradecidas, y hagan
merecida justicia a mi más profundo sentimiento de gratitud al Señor Presidente
y miembros de la junta particular de la Real y Muy Ilustre Cofradía de Nuestro
Padre Jesús Nazareno por haberme brindado la oportunidad para que hoy pueda
pregonar, desde este ambón de la Iglesia de Jesús, la Semana Santa del Foro
Murcia Nazarena, cumpliendo así con unos de los sueños más bonitos que puede
tener todo aquel que se sienta cofrade de esta institución.
Gracias, como no, a mis presentadores en esta inolvidable tarde cuaresmal, mis
amigos y hermanos en Cristo Álvaro y Alejandro, por vuestras delicadas palabras
hacia mi persona, seguro, reflejadas en el papel por la gran dosis de delicadeza
y generosidad de quien las dice.
Hago extensible esta gratitud hacia la Hermandad de las Benditas Animas de
Patiño y a mi amigo Pablo Ruz que está tarde, con sus cantos y su música,
acompañaran mis letras.
No seria del todo justo y mi felicidad no seria del todo completa si no
agradeciera públicamente su dedicación, su apoyo y su paciencia a mis padres,
porque han sido piezas fundamentales en este difícil engranaje, el cual me ha
traído hoy aquí ante vosotros. Gracias por hacerme murciano de pura cepa, y así
vaciar todo su empeño y dedicación en mi educación estrictamente cristiana.
Gracias a todos por vuestras muestras sinceras de total apoyo incondicional,
gracias por vuestro calor en esta maravillosa tarde, ofreciendo autentico
testimonio público y sin tapujos, de vuestro amor y sentir por los valores más
significativos en la vida de un cofrade. Hacia todos vosotros va dirigido este
mi pregón traduciéndolo al mismo tiempo y sentido a todos los nazarenos que ya
no están entre nosotros y gozan ya de la visión del Padre Celestial pero que nos
acompañan felices desde ese inimaginable palco de los cielos.
A todos, muchísimas gracias.
Ante esta obligada visita al cofre de mis recuerdos, no tengo más remedio que
ser fiel a mis principios y dejar fluir de mi cuerpo aquellos momentos donde lo
“cofrade” entró en mi para no salir nunca más. Inicios de un cofrade y
cristiano, garantizado todo ello por el aguijón celestial y misericordioso de
Dios nuestro Señor, el cual, haciendo gala de su infinita sabiduría, supo picar
en un niño inocente, a sabiendas que a través de la Semana Santa una vez
adolescente sabría muy bien seguir los pasos de quien maestramente los marca.
Recuerdo, aún siendo muy nuevo y estando en ese periodo de fermentación por el
que todos pasamos, un barrio murciano.
Recuerdo una calle Traperia, castiza e identificativa, siendo testigo fiel de
tantos y tantos acontecimientos religiosos.
Recuerdo, citas obligadas al terminar un nuevo día y buscar otro, al respaldo de
esa entrañable almohada, con Dios, mediante oraciones emanadas del corazón
aniñado de aquel que empezaba a entender y a valorar nuestro mundo, el de la
Iglesia.
Recuerdo una iglesia de San Bartolomé, característica por su olor a cera e
incienso. Recuerdo que me gustaba pasar por allí, y darme por satisfecho con
solo ver a Maria Santísima de las Angustias.
Recuerdo su entrada en ella acompañado de mis abuelos, de corazón, sin tapujos
ni condiciones, y al entrar sorprenderme esa devota silueta, la silueta de
Cristo en la Cruz con la que tantas conversaciones he tenido y a la cual he
encomendado mis oraciones.
Recuerdo, ansias por una nueva Semana Santa, al calor de un nuevo Viernes Santo,
salpicado de nazarenos morados, que iban al encuentro de su Sagrado Titular.
Nuestro Padre Jesús Nazareno, cuanta grandiosidad en tu andante figura, cuanto
amor ofrecido a través de los tiempos desde tu humilde morada como es el Altar
Mayor de la Iglesia de Jesús.

Cuantos Viernes Santo encendiendo de resplandores a tu Murcia del alma. Cuantos
años Señor, ofreciendo los últimos momentos de tu sacrificio, mirando a tus
hijos murcianos.
CAMPANA PATIÑO
Entró Jesús, acompañado de niños y mayores, en Jerusalén desde la Plaza de San
Pedro, por la calle Jara Carrillo para llegar a la Catedral, al respaldo de ese
magnifico Templo que nuestra Ciudad conserva, y una vez allí, ausentarse para
orar buscando la armonía y tranquilidad de ese envidiable enclave murciano.
Y estando allí Pedro llora desconsoladamente al haber negado por tres veces
antes de que cantase el gallo a su Maestro, a su Señor.
A lo lejos aparece Maria Dolorosa, haciendo una antesala de la imagen de su
hijo, clavado en la Cruz, en conversación constante con su Padre.
San Pedro se rinde ante tu sin igual figura, Señor, porque tu presencia invita a
la reflexión, a la Oración, a la plegaria compartida y a convertir nuestra
oración mas intima en una Esperanza eterna.
Día impregnado de fuertes sensaciones, en San Pedro, el que entraba en Jerusalén
entre vítores y Hosannas, sufre ahora por amor y acata sin reparos su cruel
destino de cruz.
LA MADRUGÁ
Lunes Santo, recogido sacrificio el del buen Jesús del Perdón. El agudo y
cadenciosamente acompasado son de un ritmo lento pero constante, de un soplo de
aire contagioso, anuncia la llegada a Murcia entera de esta procesión
inquebrantable desde su refundación en 1896.
Jesús está al máximo de las exigencias. Él ve, siente, habla con el Padre, es
acogido y recubierto por el Espíritu Santo, el cual le empuja al sacrificio.
Vive un amor intenso e interminable porque debajo de ese color magenta rebosa
perdón para todo el mundo, para toda la eternidad. Ante sus ojos, cansados,
desfilan miles y miles de problemas que cada uno de sus devotos tiene. Por eso y
reposando su cabeza sobre su hombro, ofrece coloquio directo con el discípulo
amado que está acompañado de su madre, Maria Santísima de los Dolores, porque
cada tarde-noche de un nuevo Lunes Santo, Jesús del Perdón se manifiesta
mediador de los hombres y los entrega a todos como hijos de su madre en la
figura de su discípulo amado.
Y quedaran aún susurrando en nuestros oídos, en nuestras alforjas de la
melancolía soñadora, los sones de la Marcha Real, cuando el Santísimo Cristo del
Perdón hace su entrada en la Iglesia de San Antolin, cuando al amparo de la
tarde, conseguimos posición privilegiada ante las puertas de ese Templo de San
Juan, morada de ese Jesús del Rescate para verlo desfilar por las calles mas
emblemáticas de nuestra ciudad junto a su madre, Maria Santísima de la
Esperanza.
Nuestro Padre Jesús del Rescate
Que decir del Rescate que no sea devoción, devoción y devoción.
No hay más que verle el día de Martes Santo por las calles de la Jerusalén
murciana, solo, en su paso, maniatado, sereno, erguido, mirando al frente,
soberano, traicionado por ambición y por poca fe. Jesús del Rescate arrastrando
miles de plegarias, de penitencias, de esfuerzos. Rescate para las santísimas
almas que van detrás de El, pidiéndole perdón y al mismo tiempo esa ayuda que
solicitamos cada vez que nos va mal, pero que debemos agradecer incluso cuando
nos sonríe la vida, porque si es así, es gracias a El, Jesús del Rescate,
inagotable aljibe de pasión, devoción, fervor y tradición por los caminos de un
nuevo Martes Santo.
Pero Martes Santo también es una Dolorosa y austera jornada penitencial, cuya
sinfonía no pasa desapercibida a nadie que ame por encima de todas las cosas a
Jesucristo Nuestro Señor. Iglesia Museo de San Juan de Dios, Cristo Muerto,
voluntariamente muerto, atraviesa sin remedio las calles angostas de nuestra
ciudad. El Señor de la Salud camina ajusticiado y hecho único cuerpo a la cruz,
acompañado de esa campana delatadora que suena cada vez que él se mueve.
Recordar su rostro descompuesto y abatido, ese que con su presencia impactante y
dolorida nos habla al oído cada Martes Santo. Al Cristo de la Salud hay que
contemplarle despacio, sin motivos aparentes de cumplir el trámite,
invadiéndonos de su estampa sublime y en respetuoso silencio, el cual dará paso,
a la intimidad personal entre Él y tú, mediante ese dialogo sin palabras. Él de
nuevo, silencia su boca para hacer hablar la nuestra.
Y con la pesada Cruz de la melancolía cofradiera, nos atrevemos obligatoriamente
a cruzar el cancel de esa maravillosa jornada de Miércoles Santo, donde el
Carmen se hace lugar de oraciones, sensaciones. Miércoles Santo, tarde noche de
insultante Pasión. Sentimiento colorao, florecer de nervios, emociones,
incienso. Miércoles Santo, día grande, donde Jesucristo nuestro Señor nos da de
beber su sangre redentora.
El Santísimo Cristo de la Sangre, arte sobrehumano de la imaginería de un cuerpo
dolorido y marcado por el sufrimiento de quien experimenta el peor de los
castigos que un hombre pueda padecer.
El impresionante gesto de su rostro, la crudeza de sus santas llagas, la
tirantez realísima de su entrañable figura y cómo no, el deslumbrante destello
de su santo costado por el que mana su bendita sangre, recogida por ese sin
igual ángel para ser entregada a toda Murcia, es sin duda una de las imágenes
más conmovedoras que guardamos en nuestras retinas los 365 días del año,
esperando, impacientes, a que el próximo miércoles santo, el Santísimo Cristo de
la Sangre vuelva a recorrer las calles de nuestra Murcia cofrade.
“Por eso, Murcianos,
Llevad a Cristo en el alma,
Y que el miércoles nos fijemos,
De su sangre derramada,
Allá en ese montículo,
Cuajada de flor colorada,
Sobre la cual,
Cada minuto que su paso caminando
Mi Murcia, “desconsolá”
Contempla pañuelo en mano
A ese Cristo que es Tesoro
De los más excelsos murcianos”
CAMPANA PATIÑO

¡Que suerte tiene Murcia de poder tenerte tan cerca!
¡Que suerte Señor, de poder rezarte en Silencio y que tu dulce mirada, me
contagie los adentros!
La Cofradía del Santísimo Cristo del Refugio da muestra total y legitima de
conmovedor silencio en la calle y dentro de su sede canónica momentos antes de
iniciar, acompañado de la noche, su ejemplar camino hacia la Murcia más castiza
acompañado de Salves, cantos y un reguero de cera que sus penitentes van
derramando.
Seriedad, constancia, armonía y ese rio de ruan entremezclándose con la tiniebla
de las luces que indican el camino al Señor, ofrendado todo a la majestuosa
presencia por las calles, del sentir de nuestros sentires, del Santísimo Cristo
del Refugio.
Y mientras tanto, por las calles del Barrio Carmelitano, su Madre, Maria
Santísima de la Soledad, comienza a hacer su peregrinaje por una Murcia que está
preparándose para las últimas horas en las que Jesucristo, su hijo, vivirá las
más duras horas de su vida. Silencio y Recogimiento también en esta salida
penitencial marcada toda ella por el constante olor a cera e incienso y al
sonido de los instrumentos de viento que la acompañan.
HIMNO DOLOROSA JESUS
Y se despierta la mañana y con ella, Murcia, se levanta al son del primer
amanecer primaveral, tras una larga noche en la que las horas y los minutos se
hacen eternos y que a su vez son salpicados por el cáliz de la ilusión, envuelta
en surcos de sueños que desembocan en ese maravilloso despertar que es la mañana
más bonita y mejor soñada por la Murcia cofrade.
Primavera de Hosannas, de júbilo, de vida, de cruces, de sufrimientos y
recogimiento, de colores, de terciopelos y rasos, de pasión y por supuesto de
nazarenos, de auténticos nazarenos. ¡Primavera!, que completa lo tiene todo y lo
tiene todo porque por algo Dios la eligió para mostrarnos su más sincera
generosidad. Para hacernos ver y hacernos llegar la vida y las flores, hacer un
bello esfuerzo y mostrarnos su cara más espectacular, haciendo florecer el
sentimiento, manifestando éxtasis a través del divino aroma embaucador que nos
introducen en ese mar de sensaciones que nos presentará irremediablemente ante
la vida y la muerte, ante la Victoria de la Cruz.
Viernes Santo es nuestro día, porque Murcia se encuentra a si misma con esos
primeros rayos de sol que dorará sin reparos túnicas y cruces, y así nos
sentiremos más murcianos que nunca, tomando como detalle imprescindible esa
fachada catedralicia, que no es, sino, la cuna y la gloria del arte.
Señor Nazareno, bendito de inmensa bondad, cada vez es más real lo que está
sucediendo en torno al estado de nuestra fe, de nuestros cimientos, los cuales
nunca deben debilitarse, pues tu fuiste su Autor.
Nuestro Padre Jesús Nazareno, que tu visita el Viernes Santo a nuestra ciudad,
sirva para reconducir por el único camino, tu camino, el de la verdad, a todas
esas ovejas descarriadas que seguro, sin valorar el daño que te hacen, se
empeñan en desacreditar nuestra fe, como si ella se hubiese inventado hace medio
siglo. Nuestra fe, y el camino creado por Jesucristo, Nuestro Señor, por Nuestro
Padre Jesús Nazareno, son los pilares fundamentales de nuestra existencia, de
nuestra esperanza y de nuestra vida. Jesús, mi buen Jesús Nazareno, atiende
estas suplicas, y que el próximo Viernes Santo podamos sentirnos de una vez por
todas avergonzados por la ofrenda que haces cargado con esa pesada cruz y como
te lo pagamos.
“Si tengo envidia de los hombres,
Que te van llevando al cielo,
Si tengo envidia de tu cruz,
Que va aguantando tu peso,
Tengo envidia de las manos
Que adornan tu sufrimiento
Hasta tengo envidia de la brisa
Que se convierte en tu aliento”
“Ya querría yo entender,
Como a pesar de mis miedos
Como a pesar de que expiras
En medio de mil lamentos
En mi vida, todavía
Te quiero como te quiero”
Y tras la jornada mañanera entramos en la tarde más nazarena de todo el año.
Desde la Antigua Iglesia de San Esteban, hoy dependencias de la Comunidad
Autónoma, comienza el cortejo procesional que más adelante se unirá junto a los
otros dos cortejos para hacer de tres procesiones una sola.
El Santísimo Cristo de la Misericordia, pieza de incalculable valor, que es
orgullo de murcianos, comienza su andadura por una Murcia entristecida por su
crucifixión. Las banderas ondean a media asta en señal de luto. Calles inundadas
de nazarenos que van anunciando a todos el paso de Cristo y de su Madre, Maria
Santísima de la Misericordia, obra del imaginero Sánchez Lozano y que cada tarde
noche de un nuevo Viernes Santo, acompaña dolorida y afligida, a ese Cristo de
nacarada piel, que con sus brazos abierto acoge a todos y cada uno de sus hijos
para velar por ellos día y noche.
MATER MEA

Una madre es un don más que valioso e insustituible con que Dios ha premiado a
todos los hombres por los siglos de los siglos.
Pues algo igual podemos decir que sucedió en la Parroquia de San Bartolomé,
sucedió en Murcia. Dios obsequió a la misma con una Madre insustituible de
Angustias llena, la cual sería por siempre centro del amor más grande por
aquellos que quieren a una Madre por encima de todas las cosas y que aman al
Señor como hermano nuestro que es.
No hay palabras para poder expresar el dolor tan divino y grandioso de una Madre
con su hijo muerto entre los brazos.
Madre, siempre detrás de él, siempre por la calle de la amargura, para acabar de
esa manera, con lo anunciado hecho realidad.
Virgen de las Angustias, Madre del amor y dolor más hermoso, angustiada se nos
presenta ante el legado que reposó en tu regazo, expresión sin igual y de
infinita e irrepetible dulzura.
Virgen de las Angustias, una Madre destrozada, con sus ojos cansados, repletos
de lagrimas a las que ya cuesta cada vez más trabajo caer, pero las cuales nunca
se secan a pesar del agravio y continuo sufrimiento. Sollozos, suspiros y
lamentos que solo a ella atormentan.
¿Hay mayor angustia para una Madre?
La imagen de la tarde noche del Viernes Santo, parece sacada de un cuadro, roza
la perfección. Una advocación, que con la señal de la cruz como sombra, nos
muestra la verdadera Angustia de una madre sufrida y desamparada. Cinco
angelitos a su lado, acompañan la estremecedora visión cuando se acerca la más
bonita azucena que pudo Dios elegir para tal menester, soportando en su regazo
la mayor de las angustias que una madre puede afrontar.
Murcia, contempla la escena sabedora aun, de que solo el Espíritu Santo puede
reconfortar el corazón herido y traspasado de la Señora, la que llora ante su
hijo amado, Jesucristo en su regazo, cuando sale a la Murcia del alma la tarde
del Viernes Santo.
Y cuando la tarde empieza a enturbiarse, y el sol va desapareciendo a los lejos,
viene la noche, y la noche del Viernes Santo es noche santa de duelo porque el
Entierro de Cristo convoca a todo un pueblo, que asiste compungido, que asiste
en total silencio, a las puertas de San Bartolomé entre grandes nubes de
incienso, a ver salir a Cristo muerto dispuesto a subir a los cielos.
Es hora en el Viernes Santo, en que se baja a Cristo de la Cruz, en que se
calman las angustias de una Madre, retirándole de sus brazos el cuerpo frió e
inerte de su hijo para ser trasladado al Santo Sepulcro y en que San Bartolomé
queda huérfano y desfallece por como se llevan el cuerpo de Jesús a la tumba.
Murcia, un año más, solicita el cuerpo sin vida de Jesucristo, para darle
sepultura de amor, a quien a cambio de nosotros ofreció su vida.
Y tras él, la Soledad, su madre, pone broche de oro a la Pasión y Muerte de
Nuestro Señor. Una vez más, el bellísimo marco de la Catedral es el escenario
que nos permitirá admirar una de las más bellas estampas de nuestra Semana
Santa, cuando en un prodigio de las circunstancias, del arte y de su paso,
avance lentamente al son de Mater Mea, mientras el rostro de la Virgen de la
Soledad luce como nunca, cual lucero escogido del mismísimo cielo.

Y tras pasar las horas llegamos al Sábado Santo, Cristo está muerto. Murcia está
como hibernado, no hay nadie. A los lejos se escucha el sonido de una campana,
comienzan, entonces, a aparecer penitentes vestidos de blanco que inundan las
calles de nuestra ciudad siendo este, el ultimo cortejo pasional. Cristo Yacente
es llevado junto con su Madre, Maria Santísima de la Luz en su Soledad, dando
testimonio vivo del gran dolor de esa Madre, que llora por la muerte de su hijo.
Murcia se estremece ante tal imagen, esperando, ansiosa de que pase la noche
para poder celebrar victoriosa y jubilosa la resurrección de Nuestro Señor
Jesucristo y la alegría desbordante de su amantísima Madre.
“Yo soy la resurrección y la vida…todo el que cree en mi, no morirá para
siempre”
TRIUNFAL
Y ese maravilloso Domingo, nuestras calles amanecerán vestidas de la cera de
penitentes, la cual habrá marcado para todo un nuevo año esos recorridos por los
que Nuestro Padre Jesús ha renovado de nuevo su Pasión, calles murcianas por los
que casi sin darnos cuenta y empujados por la emoción, hemos seguido incansables
los pasos del Nazareno y de su Dolorosa Madre, itinerarios y entresijos de
oración y devoción, los cuales nos llevarán hasta las mismísimas puertas de
Santa Eulalia donde ahora es todo gloriosa Vida.
Y en torno a todo ello, un repicar jubiloso de campanas, despertaran a primeras
horas de la mañana, a una Murcia cristiana dormida todavía en el regazo
celestial de Nuestra Señora de la Luz en su Soledad.
Todo queda atrás, las tristezas, el luto y la tragedia, para alzar nuestras
miradas al cielo y gritar fuerte, con el alma que:¡CRISTO HA RESUCITADO!
Y será Maria Magdalena la que presurosa y sorprendida por la promesa cumplida de
Jesús, la que se suba al balcon Eulaliense, cuya torre custodian las aves del
firmamento, y ofrezca ese verdadero pregon, cual es, la Resurrección triunfante
de Nuestro Señor Jesucristo.
¡Que repiquen las campanas de toda Murcia!
¡Que anuncien la buena nueva!
¡Que Jesús ha resucitado!
Difundid la gran noticia, a los cuatro vientos y cogidos de las manos de Cristo
Resucitado haced gala de nuestra fe a todos aquellos que intentan después de dos
mil y pico años, torpedear lo intocable e inaccesible, como son nuestras
creencias y nuestro amor sin condiciones a Jesús y Maria.
¡Cristo Vive! Y en Santa Eulalia nos deja un año más su Paz y su Alegría,
detalle indiscutible, celestial y sublime del Gran Triunfo de la vida, de la
Verdadera Vida, sobre la muerte.
“Que baja todos los años
De los cielos a la tierra
Y a Santa Eulalia elije por reino
Para que toda Murcia crea,
Y se enorgullezca de ser cristiano
Cuando se encuentre un nuevo domingo
Ante Cristo resucitado”
Y como todo en la vida, todo tiene su fin, hay que terminar esta particular
manera de sentir nuestra Semana Santa, sus hermandades, nuestra fe, nuestras
sagradas imágenes, en definitiva nuestros sentimientos más profundos,
transformado en este mágico día en convocatoria celestial de lo que dentro de
unas semanas hará sensible el interior de aquellos que amamos nuestra Semana
Santa como algo incrustado de por siempre en los entresijos y recovecos de
nuestro corazón.
Y en esta lanzadera de nuestros sentimientos como es este tiempo de cuaresma os
pido que pongáis vuestro corazón, no tengáis miedo, sentíos orgullosos de ser
cofrades, de ser cristianos, y con esos mimbres incorruptibles dejaros llevar
por la fe y por el sentir imperecedero de aquel que fue sabio eligiendo las
cofradías como camino indiscutible hacia Él y como no, hacia Ella, nuestra
Santísima Madre.
Hacedlo, dejad volar vuestra alma pura y entera, como este que os habla quiere
que su alma y su corazón vuele hasta las entrañas de este barrio de San Andrés,
hasta las entrañas de esta Iglesia de Jesús, hasta el regazo y las bellísimas
manos de quien es la Reina de mi vida, Nuestra Señora de los Dolores Coronada,
cuando poco a poco va llegando el ocaso a este vuestro Pregón del Foro Murcia
Nazarena.
Los dolores de nuestra Madre, los dolores que se sufren en esta vida, los
dolores por el perdón de nuestros pecados, los dolores de la promesa de Dios, y
como no, los dolores convertidos en gratas emociones al ver la gran victoria de
la Resurrección de Jesucristo nuestro Señor.
Toda Murcia, mi Dolores, cabe en tu regazo, cabe en esas finas manos que están
abiertas para todos los murcianos. Toda Murcia cabe sobre el azul de tu manto,
toda Murcia se encierra en tu paso y anda al son de esa Madre que es Dolores,
veladora de todos nuestros males, toda Murcia cabe, remetida entre flor y flor,
embelleciendo los pomos que adornan, como nadie, la más bella expresión, la
talla hecha arte, esos ojos que te invitan a querer a una Madre cuyo nombre, en
el Viernes Santo sabe proteger a Murcia entera porque en ella todo cabe.
“Porque todo cabe en ti,
En tus dolores,
Donde se para hasta el tiempo
Por estar ante tu gloria
Mi vida cabe en ti
Murcia en tu paso
Repletos de mil ofrendas
Que van formando un rosario
Murcia cabe en tu baile
De pura mujer murciana
Pues de todo el mundo te adueñas
Pases por donde pases
Toda Murcia cabe,
En el esplendor de tu cara
En la dulzura de tus ojos
En la belleza de tu estampa
Mi vida cabe en ti
Cabe en ella mis mañanas
Aljibe del que yo bebo
Cuando la vida me falla
Dolores porque te quiero
Porque contigo no me falta
Tranquilidad en las noches
Que se convierten en amargas
Cuando las cosas no vienen
Como a uno le gustara
Porque Tu eres la luna
Que ilumina mis plegarias
Eres la voz de mi canto
Y das forma a mi palabra
Cuando ante ti me arrodillo
Casi todas las semanas
Mi vida entera cabe en ti
A Tu ladito, en tu peana
Junto al azul de tu manto
Al blanco de tu cara
Esa que se parece
A la más guapa murciana
Mi vida cabe en ti
En ti mis fuerzas y mis ganas
Esas que siempre quise
Convertirlas en mil gracias
Porque me abriste los ojos
Me enseñaste la norma más santa
Cual es querer a mi hermano
De verdad y con todo el alma
Porque mi vida cabe en Ti
Mi Dolores Inmaculada
Mis aciertos, mis fracasos
Mis virtudes y mis faltas
Mis sentimientos cristianos
Que alumbras cada mañana
Al despertarme otra vez
Y viendo por siempre tu cara
Dolores, en ti mi corazón
En ti mis padres, mi hermano y mi casa
De la que eres gran Reina
Celestial e Inmaculada
Porque todo, todo cabe en ti
Dolores de mis entrañas
La que el Viernes Santo
Deslumbras por donde pasas.
Porque todo cabe en ti
El incienso, las flores y la plata
Y el sentimiento cofrade
Con que Murcia se levanta
Cuando el Viernes Santo
En Jesús muy fuerte llama
Porque ante tal realeza
Ante ese porte de capitana
No hay quien se resista
A navegar en las aguas
Que son tus ojos morenos
Dolores, mi Virgen guapa.
A LA QUE DEJO EL PREGON
ESE QUE QUIERE SER
EL REZO MÁS DELICADO
ENVUELTO EN FINO PAPEL
SENTIMIENTO DEL COFRADE
SENTIMIENTO DE TODO AQUEL
QUE AME A SU SEMANA SANTA
COMO EL JARDÍN AL CLAVEL
PARAÍSO DEL COFRADE
QUE TENGA RAZÓN DE SER
ABRE LAS PUERTAS DIOS MIO
Y QUE EL VIERNES SANTO PODAMOS VER
A MI MADRE HECHA SEÑORA
A MI MADRE HECHA MUJER
INSPIRACIÓN DEL PREGONERO
AQUEL QUE LE DIJO UNA VEZ
MI DOLORES DEL MANTO AZUL
MI DOLORES DE JESUS.
MUCHAS GRACIAS
Este Pregón se terminó de escribir a la una y cuarto de la madrugada del día 24
de diciembre del año del Señor de 2008, para mayor Gloria de Dios y de su
Santísima Madre.
Ir a presentación del pregonero
por Alvaro Hernández y Alejandro Romero
