SAN JUAN EVANGELISTA.

TESTIGO DE LA PASIÓN EN MURCIA

    En la Semana Santa de nuestra ciudad y en casi la totalidad de las cofradías murcianas, aparece representado frecuentemente el apóstol Juan Evangelista, como testigo privilegiado de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

    La intención de este trabajo es el de rendirle un justo homenaje al discípulo amado de Jesús, como personaje excepcional de los hechos acaecidos, y como escritor y gran narrador de uno de los evangelios más profundos y comprometidos. De esta forma, su presencia queda patente en las dieciocho representaciones en que se le ha tallado en nuestras cofradías, mereciendo por ello un capítulo destacado; y con mayor razón aún, aprovecho esta ocasión con motivo de la efeméride a celebrar del Primer Centenario de la realización de la admirable obra de San Juan Evangelista del escultor Juan Dorado Brisa en 1905 para Archicofradía de la Sangre.

    San Juan, el Evangelista, hijo de Zebedeo y hermano de Santiago el Mayor, nació en Galilea, y teniendo como oficio el de pescador, fue uno de los primeros discípulos, como así nos relata el Evangelio: “Estaba Juan junto a su hermano Santiago, encontrándose recogiendo las redes en la orilla del lago de Galilea, cuando Cristo, acababa de llamar a Pedro y Andrés, los llamó también a ellos para que fuesen Apóstoles. Jesucristo les denominó a Juan y Santiago el sobrenombre Boanerges, es decir: “Hijos del Trueno” (Lucas 9, 54).

    San Juan forma parte de un pequeño grupo integrado por Pedro y Santiago, que vivieron de cerca los momentos más relevantes en la vida de Jesús, pues estuvieron presentes en la Transfiguración, vieron la Resurrección de la hija de Jairo, fueron los encargados de prepararle la Última Cena, e incluso muestra su cercanía San Juan cuando reclinó su cabeza sobre el pecho de Jesús, y fue a él a quien reveló el nombre del que habría de traicionarle, al igual que los tres presenciaron la agonía de Jesús en el Huerto de los Olivos. Además, durante la Pasión entró con Jesús ante el Tribunal de Caífas, y fue el único de los apóstoles que estuvo al pie de la Cruz acompañando a la Virgen María y a otras piadosas mujeres, y fue quién recibió el sublime mensaje de cuidar a la madre de Nuestro Señor Jesucristo: “He ahí a tu madre”, le dijo a Juan. Tomándola desde aquel instante el discípulo como suya propia, cuidándola y honrándola.
    Tras la muerte de Jesús, San Juan fue testigo en su visita de la sepultura vacía de Jesús: “así “vieron y creyeron” que el Mesías había resucitado, y transcurridos unos días, Jesús se les volvió aparecer en la Galilea, siendo cuando interrogó a San Pedro, y percatándose de que se encontraba detrás el joven San Juan, le preguntó por el futuro de su compañero: “Señor, y éste, ¿qué? Jesús le respondió “Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿Qué te importa? Tú sígueme.” (Juan 21,21-22). Debido a aquella respuesta, corrió el rumor de que nunca iba a morir.
    Después de la muerte de Dominico, en el año 96, San Juan pudo regresar a Efeso, y fue cuando escribió su Evangelio. Así dice que “Todas estas cosas las escribo para que podáis creer que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y para que al creer, tengáis vida en Su nombre!. Su Evangelio es calificado como teológico y sublime, y fue predicador de la verdad y el amor. San Juan falleció en el año Cien de la era Cristiana, contando con la edad de noventa y cuatro años, por lo que logró sobrevivir a todos los demás, y fue el único que no murió martirizado.
 

    Respecto a su presencia en la Semana Santa murciana, es el Viernes de Dolores, en los preámbulos de la Pasión, cuando se celebra la procesión de la Cofradía del Stmo. Cristo del Amparo y María Stma. de los Dolores. Desde el año 2001, participa el San Juan Evangelista, del escultor murciano de los Alcázares, D. Gregorio Fernández-Henárejos Martínez, cuya obra recuerda claramente su inspiración salzillesca en la ejecución, con un bello ropaje de rico estofado, naturalidad en su andadura hacia el Calvario, y una singular belleza juvenil característica del apóstol.
 


    En la tarde del Sábado de Pasión, San Juan Evangelista procesiona para la Cofradía de la Caridad desde el año 2001. Tallado por el imaginero de Cartagena, D. Manuel Ardil Pagán, éste representa al joven apóstol camino del Gólgota, recogiendo su túnica con la mano diestra mientras indica con el dedo índice de la otra mano el camino a seguir a María Stma. de los Dolores. El imaginero recrea una imagen a semejanza del realizado por Salzillo, aunque se le aprecian ciertas diferencias, como en la trayectoria y caída del manto sobre sus hombros.
 


    Al día siguiente, Domingo de Ramos, San Juan de la Palma, participa en el cortejo de la Cofradía de la Esperanza. La imagen se debe al escultor Antonio Labaña Serrano, cuyo encargó se ejecutó en 1984, con clara alusión al de Salzillo, este porta una palma en su mano derecha, y es enlienzado y estofado. Aunque, anteriormente, el mismo grupo de nazarenos aportó otro San Juan de Sánchez Tapia, antigua imagen del Sepulcro, y que sería sustituido en 1979 por el San Juan de la Palma del escultor García Mengual, la cual no tuvo mucho éxito.
 

    La semana de Pasión avanza y en la noche del Lunes Santo, San Juan estará presente abrazando a su Madre en el paso del Encuentro de Jesús en la calle de la Amargura, obra de Manuel Martínez Fernández en 1924, y que fue llevada a cabo conjuntamente con la Dolorosa de Clemente Cantos. Y por otra parte, acompañando al Stmo. Cristo del Perdón, en ese excepcional Calvario, se nos presenta al joven Evangelista recogiendo su manto y con la mano al pecho, al tiempo que dirige su sentida mirada hacia Jesucristo Crucificado. Añadir, que siempre he sostenido su atribución a Francisco Salzillo en 1737, que procesionaba en la procesión de los Nazarenos hasta que fue sustituido por el actual, pudiendo contemplar su boceto en el Museo Salzillo.
 


    El Martes Santo, tarde de silencio, San Juan acompañará a María de los Dolores hasta el Calvario, con la imagen del titular, del Stmo. Cristo de la Salud. La efigie de San Juan Evangelista es de vestir, y está atribuida al mejor discípulo de Salzillo, D. Roque López Hernández, en 1799. Fue en el año 1991, cuando se incorporó esta nueva hermandad en la procesión de los hermanos “estudiantes”.
 

   


    En la tarde noche de Miércoles Santo y desde la Iglesia Arciprestal del Carmen, sale la magna procesión encarnada. En esta ocasión, San Juan aparecerá junto a Jesús, en el testamento de amor del Lavatorio de los pies, quitándose dócilmente la sandalia y respetando las órdenes de su Maestro. El apóstol con pelo rizado, corto y moreno, y bellos ojos azules, lleva su túnica verde remangada y pegada a los brazos, con un rico estofado de diminutas florecillas y diseño geométrico. La otra imagen de San Juan, aparece en noveno lugar, y con cierta gallardía y compostura, y mirada penetrante, marcha decidido hacia el Calvario, portando unos bellos ropajes de pliegues bien definidos y ampulosos, con un rico estofado que los recubre y magnifica. Fue tallada por el escultor valenciano Juan Dorado Brisa en 1905, y ha sido calificada como su obra cumbre, aunque sin apenas legado debido a su prematura muerte. Según el Historiador Melendreras y con gran acierto, tuvo Dorado como inspiración a San Juan de Camillo Rusconi ubicado en la Basílica de San Juan de Letrán en Roma.
 


    Al alba de la mañana del Viernes Santo, desde la privativa Iglesia de Jesús, el joven apóstol estará presente gracias a la mágica gubia de su creador Francisco Salzillo. En la Cena del Señor, aparece recostado sobre el pecho de su maestro mientras duerme placidamente con la mano apoyada sobre el rostro; también acompañará al Mesías en Getsemani, en un sueño profundo y sosegado, acostado por entero a lo ancho del trono y reposando la cabeza en su brazo derecho. Pero sin duda alguna, la imagen de San Juan en su camino hacia el Calvario, es considerada como el fénix de la obra salzillesca, y es en la luminosa y primaveral mañana, dónde deslumbrará a todos con su belleza y perfección, por el dinamismo, equilibrio y elegancia en la sensación de caminar del joven apóstol, destacando la túnica y manto de pliegues acertados en la talla y rico estofado. Conocido como San Juan el viajante, ha estado representando al Estado Español en distintas exposiciones como las Universales celebradas en la ciudad Sevilla en el año 1929 y 1992, o más recientemente, a la obra del escultor Salzillo en Madrid.
 

   


    La tarde se entristece, y desde San Esteban, la Cofradía de la Misericordia, en el paso del Descendimiento aparece San Juan consolando a la Madre de Ntro. Señor, mientras presencian la escena. El grupo fue ejecutado por el reconocido escultor murciano, D. José Hernández Navarro en el año 2.001, y siguiendo su inconfundible estilo, dota al apóstol de una belleza natural y muy humana, que destaca sobre la túnica sobria en color encarnado.
 

    Tampoco podía faltar en la Cofradía del Santo Sepulcro, la presencia de San Juan en el paso del Santo Entierro, y así aparece mirando a la Virgen al tiempo que sujeta la mano sin vida de Jesús, en la impresionante y magna obra de Juan González Moreno en 1941. Al igual que se presentará solo, en el trono predecesor de María en su Soledad, con la simbólica palma bien asida, y un marcado rostro melancólico que destaca por su belleza, junto a una impecable ejecución en la talla, por el murciano Juan González Moreno en 1952.
 


    El Domingo de Resurrección, el apóstol será uno de los testigos de la Aparición a los apóstoles, en el paso de Francisco Sánchez Arciel de 1911, dónde el apóstol da la espalda al Mesías quedando asombrado ante su presencia. En el Lago Tiberiades, San Juan, con túnica estofada y enlienzada, es obra de Labaña en 1989; y en la Ascensión a los Cielos, obra de Hernández Navarro en el año 2.000, San Juan queda impactado y deslumbrado ante la luz por lo que se lleva la mano hacia los ojos para protegerse mientras vislumbra el momento. Y por último, cerrará su presencia en la Semana Santa escribiendo los Santos Evangelios, y así con la mano izquierda recoge la pluma y con la derecha sostiene el libro, logrando una bella y característica composición el imaginero valenciano Venancio Marco en 1912.

    Me gustaría acabar este itinerario de San Juan Evangelista en nuestra semana de pasión en Murcia, destacando su valentía, fe y amor infinito por su Maestro, valorando su dedicación en honor a la verdad y por la transmisión de lo acontecido gracias a su evangelio; por lo que deseo sirva de ejemplo a todos, y nos admiremos de su figura en cada momento por las calles de nuestra ciudad.


Antonio Barceló López

Revista del Cabildo Superior de Cofradías 2005
 

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