Los ángeles de mi Pasión
Belleza, Amor, Consuelo y Compasión, son los sentimientos que
esos seres celestiales me transmiten en la Mañana del Viernes Santo; al
contemplarlos se inquieta mi alma y su presencia me acerca a Dios.
El exquisito cuidado con que Francisco Salzillo trató las
distintas representaciones de ángeles en las escenas de la Pasión provocan tal
admiración y devoción, que su valor resulta inestimable; incluso, consigue
envolver a los distintos grupos escultóricos de una conexión sobrenatural e
intermediaria que nos aproxima al mismísimo Reino de Dios.
Al contemplar “La Cena del Señor” bajo el sol de la mañana,
la luz que se proyecta en el paso ilumina mayormente la imagen de Jesús, creando
una atracción casi indescriptible que obliga a dirigir y centrar nuestra
atención en Él. Esos destellos dorados parecen irradiar Su propia luz, y tras el
respaldo de su asiento, un resplandor en oro ayuda a simular ese efecto para el
inconfundible Hijo de Dios. En esta digna cátedra, las iniciales de la cofradía
"J.H.S." y una Cruz que culmina sobre la "H" como sello inequívoco de su Pasión,
aparecen centradas y bañadas en oro. Salzillo las envolvió en esponjosas nubes
plateadas de dónde emergen volando, gracias a sus alas, cinco cabecitas
infantiles de pequeños ángeles, que pudieran ser encantadores querubines
totalmente enriquecidos en pan de oro; los cuales, centellean al unísono
acompañando al Salvador.
Según el modelo judío del cosmos, adoptado por los
cristianos, los ángeles se distribuyen en tres niveles descendientes. Así, la
naturaleza del querubín se relaciona con el conocimiento y la sabiduría; y junto
a los serafines y tronos, su triada les sitúa en el primer nivel más cercano a
Dios, recibiendo su iluminación directamente. Es uno de los primeros habitantes
del cielo que cita la Biblia en los Salmos; y según el profeta Ezequiel describe
cómo << ...Centelleaban a manera de bronce muy bruñido...>>.
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Seguidamente, se aproxima "La Oración en el Huerto". Entre su
paisaje deslumbra un ser etéreo, de piel luminosa y transparente cuyo torso está
desnudo, su cabello es castaño claro, su rostro no es humano, y con las alas
desplegadas al viento se recoge el manto al aproximarse al Redentor. Esa
representación de ensueño es el ángel ya adulto que aparece ante Jesús en
Getsemaní, cuya acción plena de movimiento proporciona vitalidad a la escena,
reconfortando a Cristo con su brazo izquierdo, mientras que con el derecho
muestra el Cáliz que no ha de pasar.
Este ser es una potestad de nombre Camael, que significa <<el
que ve a Dios>>. Está considerado como uno de los siete ángeles preferidos del
Altísimo; y él gobierna este orden de la segunda tríada. Contribuyen las
potestades al equilibrio del alma como guías espirituales, y se dedican a
vigilar la región fronteriza contra las filtraciones de Satán.
Sin embargo, la Pasión sigue en la calle en la Mañana del
Viernes Santo, y con ella revivimos las Escrituras; la traición se repite en
nuestras vidas, y el injusto castigo se ensaña con el Hijo de Dios. Es en la
calle de la Amargura, camino del Calvario, dónde nos encontramos a Su madre,
María, tras el joven San Juan; al reo a muerte acompañan destino a la inevitable
crucifixión.
Nuestra “Dolorosa” clama desconsolada a Dios, y su mirada la
dirige al Cielo. Entre suspiros las lágrimas brotan, y se escuchan distintos
lamentos. No está María sola, sino que cuatro ángeles-niños también lloran, y
junto a ella revolotean, mostrando con sus propios gestos infantiles un inmenso
dolor.
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La belleza ideal de estos angelitos basada en textos
sagrados, como mensajeros alados de Dios, no pasó desapercibida a nuestro
escultor. Más semejantes al ser humano y con cualidades similares, éstos ángeles
podrían pertenecer a la tercera tríada, encontrándose en el límite entre lo
etéreo y nuestro mundo, dónde se les unen los principados y arcángeles en el
mismo nivel.
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En esta comparación, cabría añadir la descripción de un ángel
que se le apareció a Santa Teresa en una de sus visiones: << No era alto, sino
de baja estatura, y muy bello…No me dijo su nombre, pero bien me di cuenta de
que existe una gran diferencia, que posiblemente no pueda explicar. >>.
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Argumentados o no, bíblicos o invenciones aportadas por el
artista con la idea de embellecer, el resultado conseguido es asombroso. Así, no
son de extrañar las leyendas originadas, ni las dedicatorias literarias que se
les atribuyen; porque Salzillo supo trasladar a la madera la personificación de
aquellos ideales más altos que aspiramos a alcanzar.
Inmaculada Alcántara Sánchez
Guía Oficial Especialista del Museo Salzillo y del Museo de la Archicofradía de
la Sangre por C.A.R.M.
(publicado en la revista Nazarenos de 2001)