El Lignum Crucis de la Archicofradía de la Sangre
Fue en el año 1953, cuando la Archicofradía de la Preciosísima Sangre tuvo el gran honor de recibir un Lignum Crucis, con su correspondiente cédula de autenticidad, para su mayor gloria y veneración.
Bajo el Pontificado de su Santidad Pío XII, y gracias a las gestiones realizadas por el Mayordomo D. José Crisanto López Giménez, al mediador S.A. el Príncipe Vicenzo Abate de Castello Orléans, Gran Maestre de la Orden de Santa Brígida, y a su poseedor Monseñor Paffundi, que fue quién cedió la Santa Reliquia; ésta llegó a nuestra Institución para su adoración y custodia, que celosamente supervisó nuestro Presidente D. Julián Pardos Zorraquino.
Su entronización se realizó el último día de Quinario, el 7 de Marzo de 1953, con la presencia del Excmo. Sr. Obispo de la Diócesis de Cartagena, D. Ramón Sanahuja y Marcé; quién, al acabar la Santa Misa dio a besar el Lignum Crucis a la gran cantidad de fieles y cofrades asistentes.
Actualmente, el Lignum Crucis está ubicado en la Capilla del Titular, el Santísimo Cristo de la Preciosísima Sangre, junto al Altar Mayor de la iglesia Arciprestal de Nuestra Señora del Carmen. Protegida la Reliquia en el interior de un sagrario metálico, fue colocada en un artístico relicario en forma de cruz, creado por el laureado orfebre D. Vicente Segura Valls con las joyas, oro y plata que varios mayordomos habían donado para su posible ejecución, y poder así guardar esta astilla del Santo Madero con el máximo cariño y dignidad debida.
Desde aquel acontecimiento, y cada año, el último día del Quinario celebrado por nuestra Archicofradía, primer domingo de Cuaresma, tenemos la gran oportunidad de acercarnos y besar esta Santa Reliquia, recordando así que Jesús se sacrificó y derramó su Preciosa Sangre redentora.
Pero a partir de este año tendremos una oportunidad más de venerar y admirar el Lignum Crucis debido a que se ha decidido que la Virgen de Soledad lo porte en sus manos en la procesión de silencio del Jueves Santo en la noche.
Desde el año 1980 la Procesión del Retorno de la Soledad en la madrugada del Sábado Santo, se traslada a la noche de Jueves Santo desde la Iglesia Arciprestal del Carmen a las 23, 30 horas, consiguiendo con ello que la segunda procesión de silencio los hermanos de la sangre retome sus orígenes con una mayor exactitud en su concepción, recorriendo las calles pasionarias de Murcia con un mayor recogimiento en el silencio y soledad, en una noche de pasión vivida como ninguna otra por los cristianos.
Este desfile procesional tiene su sentido y origen en el año 1673, cuando la Hermandad de los Labradores sacaba una procesión desde el partido de San Benito, con su titular Ntra. de la Soledad, hasta que se que se fusionó con la Preciosísima Sangre. Sus hermanos cofrades vestían túnica negra, tal y como lo seguirán haciendo los nuevos cofrades de la Sangre.
La imagen Titular de la procesión de silencio de Jueves Santo continuará siendo la misma advocación Ntra. Señora de la Soledad, pero será sustituida la anterior que ha desfilado en la del Retorno, por otra nueva imagen del imaginero y excepcional pintor murciano de los Alcázares D. Gregorio Fernández-Henarejos Martínez, cuya obra fue tallada en el año 2000 y encarnada en los primeros días del mes de enero del presente año.
Por vez primera saldrá en la noche de Jueves Santo la Sagrada Reliquia, portada entre los dedos por Ntra. Sra. de la Soledad, aunque cabría recordar que ya estuvo participando en la procesión de Miércoles Santo de forma efímera, en el relicario de una Cruz de Guía que todavía se conserva en los fondos de la Archicofradía.
El antecedente más inmediato y conocido respecto al hecho de ver procesionar una reliquia de tal importancia, lo podemos encontrar en la ciudad de Sevilla, y más concretamente en Nuestra Señora de la Estrella, que procesiona en la tarde noche de Domingo de Ramos desde su propia capilla desde la capilla de San Jacinto.
Para finalizar, es mi deseo que todos sepamos respetar y venerar esta Santa Reliquia del Lignum Crucis, como testimonio de fe y símbolo inequívoco de la Pasión y Muerte vivida por Nuestro Señor Jesucristo, y recordar a María que sufrió el dolor de ver a su Hijo crucificado, y cuya cruz sostiene amargamente entre sus manos aceptando ese cruel e injusto sacrificio, que en definitiva nos salvará a todos.
Inmaculada Alcántara Sánchez
Guía Especialista del Museo de la Archicofradía de la Sangre y del Museo Salzillo por la C.A.R.M.