Dedicado a la Radiante
Señora del Rosario de las Monjas de Sta Ana:
| Me crié en
el campo con la gente que reza y que vive del santo trabajo. Los dos seres que me dieron la vida murieron temprano, y mi padre al morirse me dijo: -Hijo mío, en la llar hay un clavo del que pende un tesoro bendito. Vé, búscalo, y tráelo. -Fuí, busqué y remiré y a mi padre... sólo pude alargarle un Rosario. -Es él -dijo al verlo- mi tesoro santo. La herencia bendita que te dejo y a mi me dejaron. Tu abuelo, y mi padre, tuvo callos, de puro rezarlo, y tu madre con él en el cuello se fue al camposanto. Yo se lo quité allí, y ahora muero gustoso, besándolo. Bienes de la tierra, hijo mío, no puedo dejartelos; pero en este rosario te dejo los tesoros de un padre cristiano. Con él, siendo pobre, siempre tuve salud y trabajo y el pan nuestro, que a Dios le pedía jamás me ha faltado. |
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-Se murió mi padre, y era
entonces yo
un pobre muchacho.
Hoy que soy mayor
y recuerdo los tiempos pasados,
al ver que los niños
no saben rezarlo;
que ya en nuestras casas
no se ve colgado;
y que el mundo entero se siente angustiado...
¡Ten piedad, Señor!
Enviado por Nausto (Tradición Popular)