Publicado en la Verdad de Murcia en Marzo de 1986


LA HUERTA, PRESENTE EN EL TRAJE NAZARENO


.....la silueta que cautiva por su originalidad es la del nazareno estante. El que llevara sobre sus hombros, hora tras hora, la gloriosa pesadumbre de los pasos.

        No es difícil encontrar los orígenes de esta indumentaria. Venia el nazareno huertano, calzados los pies con la rustica y leve caliga de la alpargata de esparto, la suya de cada día, la que se aprieta a la tierra, y es ágil y movediza. Venia el nazareno y metía el hombro en el trono, y echaba a andar. Para mayor ligereza y menor obstáculo, arremangaba la túnica por encima del cíngulo, dejando a la vista las piernas vestidas de las medias bordadas de los días de fiesta.

 Y como las horas de la procesión eran largas, y grande el esfuerzo, y la iglesia le dispensaba de la rigurosa ley del ayuno del viernes; nacía la costumbre de llevar en el pliegue de la túnica, convertido en ocasional faltriquera, el pequeño subsidio para el esfuerzo itinerante: los huevos cocidos, duros, de sencilla manducación, la empanada bien nutrida, las habas tiernas, dulces y frescas, recién cogidas del bancal, refrescante alivio para la boca sedienta.
    En la cabeza, el pañuelo que empapa el sudor, como cuando empuja el arado, maneja el trillo, golpea con la azada o siembra los caballones.


  
    El nazareno murciano tradicional es una estampa de virilidad, de hombría de bien, de añeja religiosidad, cuya sencilla y armoniosa figura identifica a la Semana Santa de Murcia.


CODINA

 

 

 

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